La máquina de escribir fue patentada a mediados del siglo XIX y hasta antes de ese momento histórico, los escritores hacían sus textos a mano. Para ello utilizaban una pluma de ave o plumilla con punta metálica y un frasco con tinta. La experiencia resultaba, en sí misma, todo un reto a la precisión: no bastaba con encontrar la palabra exacta, la frase puntual, el argumento lúcido; la tinta parecía tener vida propia. Los manuscritos, al final, eran el mapa del mundo interior del escritor y de su relación con la tinta: manchas de significado por todas partes.
La máquina de escribir y después, la computadora personal, industrializaron la redacción. Se perdió, entre el olvido colectivo, aquella expresión de “se me quedó en el tintero”. Un decir que resumía, de modo fino y sutil, que lo inmencionable e inconcluso permanece flotando en un líquido de color hasta que alguien lo plasma en papel, cuando haya un valiente que se atreva a contarlo o alguien lo invoque con el sueño correcto. ¿Cuánto tiempo permanece añejándose en ese barril intangible? Nadie sabe.
Yo escribo en mi computadora, en máquina de escribir y con plumilla. Esos tres instrumentos saben lo que callo (no hay misterio, todos los actos creativos tienen sus contrapuntos de silencio). E igualmente, dan fe de mis remanentes creativos, de los retazos de ideas que nunca he llegado a publicar en mi blog porque no se ensanchan lo suficiente para formar un post: la vez que se me cayó Victoria Luminosa cuando era bebé, mis peores alumnos, una muchacha que me ayudaba al aseo y cuya vocación secreta era estudiar karate, cómo “Another Brick in the Wall” me salvó del insomnio, de la ardilla sagaz que me robó un bisquet, por qué no soporto el olor a aserrin, cómo podría asegurar que, en otra vida, fui perseguida política, el galán que quiso apantallarme y pasó por mi en una limusina, etcétera.
Un día serán texto, supongo. Pero si se rehusan a tomar forma en la compu o en la Olivetti, ya sé lo que tengo que hacer. He de dejar a un lado la innegable faceta industrial mecanizada de escribir en este siglo e irlos a buscar a un tintero, donde habitan los temas. Ustedes, al verme con las manos salpicadas, sabrán que ese post viene de muy lejos. Como fue, como es, como será: manchas de significado por todas partes. Estén pendientes.