No escribo de los libros que leo. Es un asunto entre el libro y yo. Él me ve en bata o tapada hasta las orejas en la cama o priseando, en la fila para recoger a mis hijas. Yo, en cambio, lo recorro, lo subrayo y me lo apropio del modo más codependiente. No escribo de los personajes que, a partir de la lectura, habitan mi cabeza, ni de los paisajes que se me revelan ni de los significados que elaboro. Es un acto íntimo, de dentro a dentro.
Pero sí hablaré de este libro. “American Bloomsbury” se llama. Es la vida, obra y amores de un grupo de escritores norteamericanos ubicados en Concord, Massachussets, a mediados del siglo XIX. Y los escritores son: Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau, Louisa May Alcott , Nathaniel Hawthorne y Margaret Fuller. De cómo se conocieron y se influyeron mutuamente. De cómo resolvían la vida cotidiana, sus trabajos, su vida pública, cuándo, cómo y dónde escribían, sus cuates Edgar Allan Poe y Herman Melville.
Me siento cercana a ellos. Han formado parte de mi historia, de mi altar personal. Leí “Mujercitas”, por supuesto. Y su secuela, que son seis libros más. Mi adolescencia estuvo marcada por esa frase de Thoreau, que iniciaba la sesiones de la Sociedad de los Poetas Muertos: Me fui al bosque para vivir deliberadamente….; abrí mi blog a partir de haber leído el blog de Chanfle II, presidido por la máxima, también de Thoreau: camina confiado en la dirección de tus sueños. De Emerson aprendí que cultivar un jardín y hacer reír a los niños es un modo de plenitud personal y cada vez que la adrenalina hace de las suyas, me acuerdo de “El corazón delator” de Poe.
Ahora los conozco de otro modo, desde el punto de vista creativo. Me identifico con sus etapas de sequía y abundancia, con sus radicalidades y sospechas. Comprendo, sobre todo, cómo se siente convivir con otro escritor. El lujo de paladear el lenguaje, la competencia tácita y el placer de verla diluída, verlo(a) en acción y humanidad; y a la vez, saberse visto, leído, a través de ese espejo de letras. Es un hilo invisible peculiar, indeleble.
Pensé en mis amigos y amigas escritores, a quienes les deseo una larga vida, y éxitos cuantiosos, reconocidos, justos. No sabemos si, en siglo y medio, alguien estudiará nuestra relación, qué comíamos, quién se mordía los pellejitos, cómo era nuestra vida familiar. Lo más probable es que no. Y que nos perdamos en el olvido. Habrá que combatir el “polvo eres” influyéndonos unos a otros, con palabras, sin ellas. Que el mundo sea la íntima vivencia de la hoja en blanco.
Continúo leyendo, de dentro a dentro.
Para Ricardo, Miguel Angel, Luis, José Antonio, Olivia, Ana Belem, Danae, Federico, Darkpollo. Y para Tamara. Que siempre haya un hueco en el calendario para visitarnos.



Como los buenos hábitos en los que las hojas tienen lugar (los lectura, las jardinería…), como los cambios de latitudes que se hacen por convicción, como las amistades afianzadas por certezas, ese hilo invisible puede conducir a nuevos encuentros con las piezas que en forma de máximas, sueños y sus direcciones y sentidos, acotan la historia de vida, como han hecho con tu altar personal.
La complicidad con el autor es como un ancla que nos permite aferrarnos a esos encuentros: tierra a la vista por cada hallazgo facilitado por las letras. Un abrazo cariñoso y agradecido con toda la sinceridad que me inspiran tus palabras.
Alzo mi copa para brindar por el placer de la afinidad, que, por cierto, sí se disfruta a sorbitos.
http://bit.ly/b9yVHS
Fe de erratas: la lectura, la jardinería.
Contra el olvido… el sosiego de la eternidad de nuestras letras.
Contra la desolación de una página en blanco…. el abrazo de un colega que te extraña.
Contra la orfandad a la que nos arroja todos los días el oficio… la fraternidad de un amigo que te admira.
Siempre, R.
Larga vida a ti y a todos los lectores del mundo, que escriben con sus ojos y sus oídos, antes de enfrentarse a la hoja en blanco. Larga vida a tu relación con la lectura, de adentro a dentro. Salud por esos encuentros tan maravillosos a través del tiempo y del espacio.
Gracias por la sugerencia. Me encantan Hawthorne y Melville. Bueno, también Washington Irving.
Toda letra siempre ha sido contra el olvido, ¿No crees? Anotamos todo para no olvidar, para no olvidarnos, para no ser olvidados…
¿Qué le sucederá al mundo sin el amparo de las letras? ¿Qué habría que investigar?
Yo jamás te olvidaré. Así, no importa mucho si en cien años alguien nos recordará, o si hace cien años aún recordamos a alguien…
Tengo un gran amigo que se llama Amado Nervo y murió casi 70 años antes de que yo naciera… Pero ES MI AMIGO.
Tengo una gran amiga que tengo el gran honor de saludar, y se llama Miranda Hooker. Y no me importa cuando nació, sino que ES MI AMIGA.
Las letras no nos hacen inolvidables…
Son los lazos que hacemos, los que nos hacen inolvidables, para con quien estamos enlazados….
Así, nunca te olvidaré…
Es todo lo que debes de saber ahora….
-RickySmart
y yo que??????
El día que puedas, busca y compra la peli “Into the wild”
Quisiera que la veas y cuando nos veamos la comentamos.
Siento que te puede encantar. Es basada en una novela que a la vez está basada en una historial real.
Abrazo grande-
Compré la película, me llegará en unos días. Lo que leí, de las reseñas y del libro original, me intrigó pero también me pulsó el Thoreau que traigo a flor de piel.
Claro que lo comentamos. Si quieres, skypeamos tambien. Mi usuario es: mirandahooker.
Un abrazo. Gracias por tu presencia aquí.