Pies ciudadanos, de aeropuerto: en tránsito, entusiasmados quizá, ¿en dónde es la sala? Han de pasar frente a esos pies oficiales aeroportuarios, enfundados en uniforme, enfermos de miedo, enemigos de lo diverso. Y los pies ciudadanos han de remover calzado y fé para atravesar esa tierra de nadie donde los oficiales, embotados, afirman: todos ustedes son terroristas hasta que demuestren lo contrario. En calcetines.
Piés humanos, planos de desmemoria, fríos de papeles por cumplir. Han olvidado que son creadores del dónde, instrumentos de vuelo, lienzo de caricias, atlas de historias; donde no hay “los otros”.
Por más que los escáners operen con altísima tecnología o el avión sea un Boeing de varios dígitos, los pies de aeropuerto cojearán porque les damos permiso. Y en cada viaje las filas de las revisiones continuarán siendo lentas porque las dicotomías y la intolerancia impiden, penosamente, el avance.
Ese es el verdadero terror.



Terrorismo en el aeropuerto: pie de atleta.
Esto de viajar es la equivalencia a un parto, lo padeces en lo màs profundo, la recompensa de ver caras conocidas, queridas y muy extrañadas hacen que el padecimiento se olvide y de nuevo aceptemos volver a pasar por èl, tantas veces como nos sea posible volver a casa.
Que tengas un gran año!!