El barco se mece en un arrullo de nana tosca. En un vaivén de voy y vengo, insisto, voy y vengo. El piso zizaguea jugando a que es péndulo y bandeja de principiante. Los oidos dejan de intentar el equilibrio de cualquier virtud. El mareo pasa por los estadíos: blanco ¿siete días así?, amarillo alerta, verde revuelto, azul válgame, rosa peptobismol, translúcido pirata.
Hay tanto de cierto en afirmar que la nave va, en la valía de seguir navegando en todos los sentidos, a pesar de la información sensorial que se recibe.
A bordo de un barco, los días transcurren en anclas y amarras sueltas, en horizontes como renglones, en gaviotas que hablan tierra. Se es vikingo y fenicio, griego y Colón, Magallanes, Drake, Sparrow.
Y cuando uno desciende a puerto, comprende: nada está fijo, indescubrible, definitivo.
Nana tosca que arrulla, la historia. Sobre las olas.



Vaivén, vienes y vas, navega y no pierdas el rumbo…otro significado.
Soy vikingo en cada célula de mi cuerpo no obstante que mi físico es latino por excelencia, el mar se lleva en el alma, en lo más profundo y sin embargo el cuerpo puede dictar lo contrario.
Me gusta leerte
En una situación de navegar como ustedes, a pesar de no padecer el desequilibrio que produce el vaivén del mar, siempre preferiría ser una criatura subactuática, lo mío lo mío es nadar, que mas me parece volar en un mundo denso, quizá no sería un tritón pero si un manatí que les salude con su aleta al pasar =)
Que gusto leerte, sentirte y hasta se puede mirar tu paisaje, que bonito lo narras.