Miré mis piés inmóviles envueltos en lodo, ese viejo amigo, textura del infortunio y del obstáculo. Luego llovió; descalza, receptiva, el cieno se siente aún más frío.
Usé mis manos cotidianas, acostumbradas a servir y a teclear, para remover el impedimento de mis piés y el nudo de mi garganta. Con esas mismas manos, las únicas con las que cuento, me apropié del fango y lo convertí en barro. Este, a fin de cuentas, ha sido mi camino.
La fortuna es generosa: me basta una mesa, un instrumento, el español, a dónde me lleve el alma, ustedes. Así empezó este blog, así publiqué mi libro y así comparto ahora mi Jardín Sonoro en su versión enteramente artesanal*. Pertenece al terreno orgánico de la vida hecha a mano, una vez, miles, todas las necesarias.
* próximamente en iTunes.



La fortuna siempre es generosa para quien sabe apreciar las cosas sencillas.
Un saludo