Transito a través de la rejilla de mis días, acompañada. Rutina viene conmigo, con su elemento ritual y su vestido de costumbre. Ella sabe de horas perpendiculares, de espacios donde cabe lo de hoy, de lo ordinario que hago propio. Es compañera, valedora, de esas que no preguntan, oye y ¿tú por qué tomas a las once el mismo café en la misma taza y a eso le llamas “el orden del cosmos”? Dejo que Rutina se quede porque cuando la siento presente, me parece hay algo cierto de mí, de lo que hago.
De vez en cuando, la rejilla me aprieta. Rutina se hace notar pero no respeta mis contradicciones, ni los resortes de querer hacer algo distinto, algo más. Para despistarla, sigo transitando pero me cambio de carril sin poner las luces intermitentes. Sólo me mudo de camino y espero a que ella me alcance, a que sea ella quien haga los acuerdos entre el antes y el después.
Como ayer que fui a la biblioteca. No pasé por la sección de documentales y luego a la derecha hasta la mesa que da a la pared, donde está, desde hace meses, el rayón furtivo de mi pluma morada porque ahi me siento siempre a escribir. Ahora caminé hasta que la alfombra no surcada me llevó hasta un ventanal con vista a un olmo. Saqué mi libro. Podía sentir la inquietud de Rutina, cuestionadora, tajante, ¿dónde estás? ¿qué te está pasando?
Alguien se sentó junto a mí. Lo reconocí: era uno de los cajeros del supermercado local, fue a mirar al olmo también. No supe si Rutina iba con él o la estaba destanteando como yo, pero estábamos compartiendo el momento por encima de la suma de los rituales y las costumbres. Y él me acompañó y yo lo acompañé sin rejilla, sólo en la sutileza de buscar, en lo cotidiano, a ver si el mundo seguía ahí.
¿Qué otro tránsito hay?



MUY BUENO ÉSTE D LA RUTINA, BUENO SIEMPRE ME GUSTAN, TIENES UNA FORMA MUY NATURAL D ESCRIBIR Y EXPRESARTE
Hace muchos años que leo. Hace muchos años que es costumbre terminar los libros cuando me gustan y dejarlos cuando me aburren sin importar si son clasicos o no.
Hace varios años logré expresar con otras palabras lo leido, aplicarlo a diferentes circunstancias. Tomar las ideas, digerirlas y cambiarlas tanto en forma como de contexto fué rutina.
Hace algunos años empecé a expresar ideas, primero en dialogos y debates, despues en pequeños textos. Terminó siendo parte de mis hábitos.
Hace pocos años me encontré comentando en un blog, al inicio fue solo el comentario de como había pasado por la Universidad. En ese momento fué una idea más, una vivencia hecha texto que no tenía nada de original. Pero esa idea cambió muchas cosas.
Tal cual pequeña semilla que muta dentro de la tierra sin dejarse ver hasta que es planta, ese comentario me llevo a otros hasta que dejaron de ser solo comentarios. Ese comentario me llevo a encontrar una amistad valiosa y esa amistad me llevo a entender que me gusta escribir.
Gracias a un comentario, que no tenía ninguna intención de perdurar, una amistad cambió mis hábitos, rutinas y costumbres.
Doña Rutina es buena compañera, deja que ella alguna vez te presente a su amigas: Doña Constancia, Doña Paciencia, Doña Perserverancia…son un corro de viejitas rigoristas y criticonas, parecen que no hacen nada; hastas mal caen cuando invitan a Doña Lucha, Doña Brega y Doña Tarea; pero cuando finalmente llega su descocada amiga la señorita Imaginación, siempre trae arrastrando consigo a Doña Creatividad.
Esas son las verdaderas musas, las otras son pura mitología.
Rutina, en lo personal no es una buena compañera para mí… procuro dejarla en casa donde se limita a horarios para levantar y llegar a la escuela, aunque rutina, es matizada. Fuera de eso, aun cuando me dirija siempre por el mismo camino a mi trabajo, y de regreso a casa, no viene conmigo porque entre el siempre creciente tráfico, la omnipresente música y mis pensamientos voladores, no cabemos todos en el mismo espacio. Lo prefiero así, mis momentos de “soledad” son para mi y mis pensamientos. Mis momentos de trabajo son para mi y mis responsabilidades y los momentos en los que asoman los recuerdos de la gente que quiero.
Sí… conozco a Rutina, pero es solo eso, solo una conocida. Si he de decir quien me acompaña continuamente son otras más bellas… se llaman Música y Fantasía.
Un abrazo Miranda.