Una vez que publico un post de esta bitácora, nunca lo releo. Prosigo con la vida: la sopa que está tirando el hervor, la secadora que grazna porque ya está lista la ropa, las divisiones de dos dígitos de la tarea de mis hijas. Si dedico un tiempo para releer es para lo otro que escribo: los relatos y los poemas que gesto en manuscrito, inéditos.
Andaba yo buscando un texto de hace unos meses y de casualidad, así sin querer, me releí. No había notado mi cantaleta con el asunto de buscar un trabajo. Me sorprende que, entre párrafos, aún continúe en ese canal. Me revela bastante de los paradigmas que no he logrado sacudirme de la cabeza, esos relacionados con que el trabajo de formar una familia no es tal. Y escribir, sin cobrar por ello, menos.
Hace poco un lector me entrevistó. Me preguntó acerca de mi estilo, de mis temas, de mi pasión por la escritura. Le conté lo que hay: que soy una creadora desde y para el hogar, a partir de un pulso interior, con ingrediente solitario que me impide relacionarme funcionalmente con el mundo de las oficinas, con un interés en la educación y en el lenguaje y en el alma que me ha llevado a diversos salones de clase. Siguiendo los dictados de las historias que me surgen del caldero de mi cabeza. Y ya. El resto lo descifro al día. De ahí la bitácora.
Resuelvo, a partir de mi relectura, que no tengo nada más que decir con respecto al trabajo ni a los cheques ni a las oficinas, ni a las canastas ni a las puertas ni a los pizarrones ni a las editoriales. Ni a la autocompasión, por supuesto, salvo que a las plantas de interior también nos dá la sombra.
En el hogar está mi fuego, en la enseñanza mi pasión encendida y en las letras, mi casa. Ha sido suficiente el tiempo que le he dedicado a ese debate arcaico entre si lo que hago es trabajo o no, porque no percibo dinero por ello. Es, de hecho, una estupidez. O un residuo del siglo pasado, vayan ustedes a saber.
Prefiero regalar letras para l@s lector@es que pasan a visitarme. Abogo por intercambiar la cantaleta por una voz verdadera, esa que a veces comienza con un “ya chole”.
Vocalizo.



Miranda, que rico leerte, yo tampoco me releo.
Si te releo
FB nos daba la oportunidad de platicar de vez en cuando pero ya no habitas más ahí.
Extraño tu plática.
Te dejo besos y abrazos
Releerse es como comer las sobras recalentadas…
no se que tienen, pero ah, que sabroso saben.
Yo lo hago, siempre lo hago, me releo, me reedito, voy vengo al pasado de mis escritos, voy a futuro y hago pequeñas “ronchas” para cuando la apatía me alcance. Digamos que me deslizo en la regla numeraria donde la ranita de la primaria que nos enseñó los negativos y los positivos, voy y vengo.
Curiosamente yo nunca he pensado que tí como alguien que “trabaja” como escritora. Te “sé” escritora y jardinera, o sea, así eres, así te expresas, es tu naturaleza. Podrás trabajar en cualquier cosa pero nunca dejarás de ser lo que eres: Un ser escribiente, diserniente y cultivante.
)=)