Cada verano vuelvo a México con mis hijas. Ellas aterrizan en las camas de sus abuelas y hacen capullo bajo las sábanas entre cuchicheos; aletean con los primos que no ven en 10 meses, usan ¡al fin! el español que atesoramos como pertenencia preciada en California; liban la comida, las repisas de las casas y los rostros de la familia con el braille del yo te he visto. Son bien recibidas y fotografiadas.
Yo vengo con unas ganas incontenibles de estrujar a mi gente querida, de decirle a mis amigos y amigas que no hay nada mejor que llevar a alguien en el corazón y tenerlo enfrente. Le revoloteo a la ciudad y le digo que me abruma su ruido, que sueño con los colores de sus mercados, que me derrito por un mango y una tostada con guacamole. Recorro kilómetros retacada de regalos, en calidad de hija y nieta y tía profesional.
Hay veces que vengo y descubro he caído al suelo, enviada al olvido. Me pasa por encima en el supermercado de contar los pesos, el café de las confesiones, el colegio de la vocación, la librería de mi libro a la venta, las esquinas de los castillos de mis pseudonovelas. Naturalmente, no hay a dónde adherirme, he sido desplazada y está bien. He de buscar un tronco nuevo para escribir mi historia.
Cada verano, mis hijas y yo recibimos el temario anual de raíces y alas. Reaprendemos que migrar y quedarse son el mismo verbo de tránsito, que el lugar ocupado cambia y permanece en modo misterioso. No es el clima, nos trae y nos lleva una certeza: el alma sabe a dónde va.
Somos mariposas monarcas.
21 junio, 2012 en 17:54
Cuando vivìa en Saltillo, la monarca usaba mi ruta y me preguntaba el por què de su viaje; luego de mucho ir y venir a Mèxico entendì que uno esta anclada a las personas que te guardan en el corazòn, es el lugar càlido que sana tus tristezas, que narra tu historia y que te enlaza a las nuevas aventuras. Asì la monarca viene y se reserva, a nuestro apacible territorio.
Mèxico es un punto de partida, es una lista inmensa de razones que misteriosamente hacen complicidad contigo, con tus hijas, con tu familia.
Disfruten la fortuna de andar en la ciudad, disfruten con los ojos, con el tacto al abrazar y sobre todo disfruten al paìs que es nuestro y nosotras de èl.
6 julio, 2012 en 03:58
Siempre vuelvan, de niñas y adulta así como de adultas todas. Familia y amigos estamos distribuidos en la geografía de un país que siempre las estará esperando.
12 julio, 2012 en 07:59
Las monarcas embellecen y alegran esos lugares por los que pasan…